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| Simionato: una breve reseña |
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Con
pleno conocimiento de sus actitudes musicales y de su excepcional capacidad
técnica, la Simionato en la cumbre de su carrera solía sintetizar las
características esenciales de una cantante con la siguiente sentencia: «En
el momento cumbre destacan tres cosas: inteligencia, voz y corazón».
Por ello, con la puesta en práctica de esas tres máximas fundamentales la
Simionato, nacida en Forlì el 12 de mayo de 1910, siempre permaneció en lo
más alto durante su larga y fabulosa vida de interprete, iniciada en 1935
en el estreno de Orséolo de Pizzetti en el Maggio Musicale Fiorentino y apartándose
de los escenarios en enero de 1966, después de cantar en papel de Servilia
en la Clemenza di Tito de Mozart
en la Piccola Scala de Milán. Una
trayectoria artística de extraordinaria versatilidad, hecho que le lleva a
poseer uno de los repertorios vocales más amplios: de Monteverdi a Cileà,
de Händel a Verdi, de Scarlatti a Donizetti, de Mozart a Massenet, de
Cherubini a Bizet, de Meyerbeer a Mascagni, de Rossini a Thomas, de Bellini
a Saint-Säens, de Puccini a Menotti, siempre en brillantes papeles
protagonistas. De
madre sarda y de padre veneciano, Giulietta Simionato inició la disciplina
musical estudiando canto en Rovigo con el maestro Lucatello y después en
Padua con el maestro Palumbo, para con ello superar a 384 participantes y
ganar por aclamación unánime del jurado la prueba final del concurso del
Comunale de Florencia en los actos de clausura del primer Maggio Musicale en
1933. El crítico Ugo Ojetti fue testigo de la sorprendente unanimidad del jurado del concurso, del cual formaban parte figuras de la talla de la Storchio, la Krusceniski, Alessandro Bonci y Amedeo Bassi. En uno de sus artículos explica la anécdota siguiente: «Poco después de oír a la Simionato, menuda, con una larga mata de pelo oscuro, Amedeo Bassi, el más inquieto y joven del jurado, se levantó y empezó a aplaudirla con gran entusiasmo. Inmediatamente Tullio Serafin le tomó del brazo y le dijo:“¿pero que demonios haces?”». Entre la emoción y el entusiasmo, el tenor florentino olvidó la expresa prohibición al jurado de anticipar los resultados, además de manera tan obvia. La misma Simionato conserva de aquel día un recuerdo entrañable y conmovedor. Apenas terminó de cantar un fragmento de Mignon, Rosina Storchio se le acercó y le dijo «Bravo. Intenta cantar siempre así». En ese momento se emocionó de tal manera que no podía parar de llorar. A partir de ese momento la Simionato puso la primera piedra para edificar unos sólidos fundamentos para su carrera artística. Así pues, mientras continuaba perfeccionándose, no perdía la oportunidad de ganar en experiencia escénica actuando en papeles secundarios en varios teatros, entre los cuales estaba la Scala. El salto cualitativo estuvo determinado por su actuación de Dorabella en Così fan tutte en Bolonia (noviembre de 1946) y Mignon en Génova (enero de 1947) dirigida por Gavazzeni. Pero fue en la temporada de 1947, cuando la Scala la contrató para esos mismos papeles, cuando la Simionato logró su consagración. Después de esa temporada su vida artística fue una sucesión ininterrumpida de extraordinarias actuaciones internacionales, del Metropolitan a la Staatoper de Viena, de San Francisco al Covent Garden, de Salzburg a Lisboa, Edimburg, París, Chicago, etc. Con una técnica impecable, una emisión controladísima, una singular extensión vocal hasta el Do sobreagudo y una excepcional ductilidad para el legado. Según comenta Sguerzi, la Simionato supo en todo momento resaltar «calidad de vocalización y facultad de adherir al “canto fiorito” dinámica y resonancia de gran escuela, así como una admirable plenitud tímbrica y un agudo juego de intensidad: con lo cual no sería erróneo suponer que la virtud principal y característica de la Simionato sea su situación como iniciadora de la transición entre el canto anterior a la guerra y el nuevo sendero de posguerra, abierto y trabajado también por ella». Maestra en el estilo y control de la expresión, Giulietta Simionato representó de forma sensacional una extensa galería de personajes, entre los que la lección más persuasiva fue probablemente la de su Jane Seymour de Anna Bolena en la Scala junto a la Callas. La producción de dicha representación (Visconti – Benois) fijó un nuevo modelo de interpretación de óperas de la primera época romántica. El 14 de abril de 1957, el público aplaudía cada decorado que aparecía. En relación a ésta velada, el director Sandro Sequi dijo: «Cuando se levantó el telón para el segundo acto, el público estaba ya totalmente entregado, la Callas se unió a la Simionato para el dúo en el que la Seymour admite arrepentida que es ella la rival de Ana en el trono. Los que estaban en el público aquella noche, y de modo especial los vinculados a la producción – Gavazzeni, Visconti y Benois – recuerdan aquel momento como uno de los más emocionantes que han presenciado en teatro» Pero además de ésta y otras muchas representaciones históricas, la Simionato ha sido identificada principalmente por sus encarnaciones verdianas. Convertida en una de las interpretes favoritas de Karajan durante el círculo de óperas verdianas que éste dirigió en los Festivales de Salzburg, dejó testimonios impagables dando vida a las más famosas heroínas de Verdi. Su alucinada Azucena en Il Trovatore representa un punto de inflexión en el papel de la gitana tanto en el aspecto vocal como interpretativo. En franca competencia con la concepción del personaje de la Barbieri, será sin embargo la metodología de la Simionato la que influirá más tarde en otras tantas magníficas Azucenas. En su Eboli de Don Carlo, los cambios en la estructura psicológica del personaje son estremecedores: La transición del amor al odio, de la venganza al arrepentimiento, son de una intensidad dramática sin precedentes. Si la Stignani sentó cátedra, la Simionato es sin duda su sucesora natural. Con un estudio muy profundo se sus personajes, en 1962 afronta el rol de Valentina en Les Huguenots donde restablece la fisonomía vocal de la antigua soprano francesa del tipo “Falcon”. A pesar de ello, la representación de la Scala de dicha obra es, en el mejor de los casos, un tanto «desconcertante». También en 1962, interpreta la Tía princesa en Suor Angelica dando al personaje una vocalización áspera de color tenebroso. Al natural y gradual desarrollo de la voz, Giulietta Simionato supo siempre acompañar una gran sensibilidad e inteligente evolución dramática. Así, cada uno de los personajes que interpretó han podido beneficiarse de la inagotable e intensa carga emocional de su personalidad artística.
Apuntes
discográficos: (Dada su enorme discografía y para evitar una excesiva extensión, sólo reseñaré los que a mi parecer son de conocimiento obligado, sobretodo en su conjunto) Aida-
R. Tebaldi, C. Bergonzi, G.
Simionato, C. MacNeill, A. Van Mill, F. Corena, P. Di Palma, E. Ratti.
Filarmónica de Viena (1959). Dir. H. Von Karajan. DECCA. Don Carlo-
E. Fernandi, S. Jurinac, G.
Simionato, E. Bastianini, C. Siepi, M. Stefanoni, N. Zaccaria, A.
Rothenberger. Festivales de Salzburgo. Filarmónica de Viena (26/6/1958).
Dir. H. Von Karajan. Deustche Grammophon. (Grabación en vivo) Il Trovatore-
L.Pryce, F. Corelli, G.
Simionato, E. Bastianini, N. Zaccaria, L. Dutoit, S. R. Frese.
Festivales de Salzburgo. Filarmónica de Viena (31/7/1962). Dir. H. Von
Karajan. Deustche Grammophon. (Grabación en vivo) La Gioconda-
A. Cerquetti, F. Sacchi, G.
Simionato, E. Bastianini, M. del Monaco, C. Siepi, G. Giorgetti.
Orquesta del Maggio Musicale Fiorentino (julio de 1957). Dir. G. Gavazzeni.
DECCA. Joan Maria |