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Norma (V. Bellini)
Esta ópera de Bellini con libreto de Felice Romani, el principal libretista de este músico y de la mayoría de las primeras óperas de Donizzeti, basada en la tragedia homónima de Louis Soumet, está considerada como el paradigma del "bel canto". El término bel canto, se aplica sobre todo actualmente al canto, en particular las arias, de las óperas italianas de finales del siglo XVIII y comienzos del XIX, que son líricas y suaves, donde la melodía fluye dulcemente, en contraposición a las arias de bravura que aparecerán posteriormente, encontrando en el genio de Verdi su más alto exponente. En el bel canto se utiliza la fuerza dramática de la voz, generalmente en tesituras muy agudas, para rivalizar con las sonoridades, en continuo desarrollo, que realiza la orquesta. Además este tipo de canto, que podríamos denominar protorromantico, participa del gusto neoclásico del período anterior, el clasicismo, lo cual exige un fraseo amplio, de gran impronta en los recitativos, capaz de trasmitir la atmósfera de la tragedia lírica.

En los primeros cincuenta años del siglo XX Norma era una ópera muy poco representada y si se cantaba, los testimonios grabados de esa época nos dicen que se hacía muy contaminada por el estilo de canto italiano predominante desde principios de siglo: el verismo. En general a finales del XIX la tradición belcantista se fue perdiendo prácticamente y los cantantes formados por aquella época no eran adiestrados, ni técnica ni estilísticamente, para menesteres belcantistas. Con la excepción de Rosa Ponselle, de la cual no se dispone de registros completos, grandes sopranos como Gina Cigna, Maria Caniglia o Zinka Milanov ofrecían un acercamiento o demasiado verista, o demasiado romántico a esta ópera. A mi juicio solo tres cantantes en el siglo XX han sabido y podido asumir el personaje de Norma tanto vocal, estilística como interpretativamente hablando: Maria Callas, Joan Sutherland y Montserrat Caballé, cada una con un estilo personal pero fieles a la esencia de esta música: el belcantismo.

Si bien para las cantantes que abordaban este rol siempre se ha tenido el calificativo de "prima donna assolutta", por la dificultad y el esfuerzo que supone cantarlo, no fue hasta la llegada de Maria Callas que Norma encontró su verdadero vehículo para expresarse. Además de las capacidades vocales y técnicas de todos conocidas, la Callas conocía a la perfección el recitativo clásico, e incluso sabía trasmitir a través del mismo, ese aire trágico, ese aire de grandeza distanciada de la gran sacerdotisa. La cantante greco-americana sabe moverse con extraordinaria propiedad y también con extraordinaria fantasía sobre los tres planos expresivos que se pueden encontrar en esta ópera: recitativos, cantables y pasajes de fuerza, encontrando para cada uno de ellos una voz distinta y siempre apropiada. La Callas ilumina u oscurece este o aquel pasaje, consiguiendo una variedad de acentos: trágico, doliente, melancólico, iracundo, abstraído, amoroso, que van cambiando de una escena a otra, diría de una frase a la siguiente. Un solo ejemplo: como esa dulzura y esa abstracción que la hace recordar como si en un espejo se estuviera mirando su enamoramiento, en el primer dúo con Adalgisa, se transforma primero en angustia y después en odio, ante la llegada de Pollione.

De las grabaciones de Callas yo diría que todas son buenas, aunque con matices: la grabación del vivo de 1952, en el Covent Garden, distribuida recientemente por el sello Sakkaris, de calidad sonora aceptable, es una de las mejores, no solo por la presencia de una Callas de 29 años con la voz intacta, también porque Ebe Stignani resulta mucho más expresiva, al ser una grabación en teatro y por la presencia de Mirto Picchi como Pollione, que si no tiene la voz de del Monaco ni de Corelli, conoce mejor que éstos el recitativo clásico y el estilo belcantista. Además esta grabación está dirigida por una batuta de nivel: Vitorio Gui, que imprime un aire muy clásico y al mismo tiempo muy teatral. La grabación de 1954 para le Emi es la Callas y nada más que la Callas, el resto está muy por debajo del nivel aceptable. Las grabaciones de 1955 una cantada en directo para la RAI (Fonitcetra) con dirección de Serafin y otra registrada en vivo en la Scala (Gala), dirigiendo Votto, son las mejores por lo equilibrado de los repartos. En ambas del Mónaco con su poderosa voz broncínea da a sus frases un relieve extraordinario y un estilo muy apropiado. En la de la RAI Stignani se muestra un tanto distante, pero canta e interpreta mejor que en la de 1954. En la de la Scala Giulieta Simionato está más expresiva y más belcantista que la Stignani lo cual realza los dúos que mantiene con Callas. En las dos grabaciones de 1955 Callas encuentra acentos más escultóricos, más penetrantes en la fuerza del fraseo. En la grabación de 1960 (Emi) la Callas se muestra ya en decadencia pero no desastrosa como se ha dicho, ni mucho menos, ya quisiéramos tener actualmente una Norma que fuera el cincuenta por ciento de la Callas en esa grabación. Existen durezas en la emisión, dificultades en sostener la línea y estridencia y balanceo en los agudos, pero el papel está del todo asimilado y además se la nota más matizada, más abstraida y doliente, más adulta. La voz poderosa y oscura de Franco Corelli resulta ideal para una parte como Pollione y Christa Ludwig, con una voz magnífica no canta mal, pero desconoce por completo la estética belcantista.

Joan Sutherland juega su baza en Norma desplegando todo su arsenal: adornos, escalas, sobreagudos, trinos; es además la única soprano que ha grabado al personaje a tono ya que, Callas y Caballé, lo han cantado un tono más bajo. La australiana aporta, además de todo su bagaje técnico, una visión distante, de diosa un tanto inexpresiva, comparable a un templo clásico. La Sutherland, que ya cantaba Händel, conoce también a la perfección el recitativo clásico, su canto intemporal ilumina las páginas de canto elegiaco, que son la esencia de las múltiples heroínas angelicales que aparecerán en el melodrama romántico. Si Callas realiza una interpretación versada sobre la faceta trágica, no en vano se calificó a Callas de "drammático d’agilitá", esto no deja de ser, en cierta manera, un contrasentido, ya que en la época de Bellini el término dramático no se utilizaba y a las sopranos que cantaban esta ópera se les llamaba "agitatio", capaces de dar sentido neoclásico en el recitativo a ciertas frases. Bellini definía el carácter de la protagonista como trágico-sublime, pero nunca como dramático. En este sentido Sutherland se muestra más cercana a la concepción belliniana. En su primera grabación (Decca) de 1964 el tenor John Alexander hace un Pollione correcto y Marilyn Horne se muestra a la misma altura en la concepción estilística de Sutherland, constuyendo entre las dos un auténtico Partenón canoro. La edición es absolutamente completa, el "Casta Diva" es cantado en la tonalidad original de sol mayor. La grabación en vivo de 1971, procedente del Metropolitan neoyorkino (Nota Blu), cuenta además con el Pollione de Carlo Bergonzi, aunque el sonido está en el límite de lo aceptable.

Montserrat Caballé se sitúa digamos en el centro de la concepción del personaje, ofreciéndonos un lirismo incandescente de un impacto muy personal, entre lo romántico y lo neoclásico y situándose a mitad de camino entre la abstracción neoclásica de Sutherland y la lacerante tragedia de Callas. La mejor Norma de Caballé es, sin duda, la grabación en vídeo de una representación en el Teatro de Orange en 1974. Está disponible en varios sellos piratas (BCS, Legato) pero en muy malas condiciones visuales; es preferible hacerse con una copia extraída de la televisión. En cedé ha aparecido hace poco en el sello Opera d’Oro, en mono, pero tiene claridad suficiente. Caballé, en los recitativos, siempre expresados con morbidez y lirismo, se aproxima más a una sacerdotisa que debe estar luchando contra su femineidad, que a una semidiosa. Su canto estilizado, suave y de una homogeneidad asombrosa es capaz de hacer salir la tensión poco a poco, el magnífico legato confiere a las frases una velada tristeza cuando el tono es amenazante, los recitativos con Adalgisa tienen una elegante sentimentalidad, un candor y una sensualidad absolutamente sublimes. El "Casta Diva" está cantado con una auténtica extenuación sentimental, con una increíble escala semitonal iniciada con un do5 pianissimo, dando una traducción sonora de una música en la cual conviven la elegante sentimentalidad de la concepción neoclásica con las ascensiones sensuales del romanticismo cercano. Además la dicción es absolutamente nítida. En definitiva Caballé compone una criatura, a través de un canto inmaculado, apasionada, exquisitamente femenina, incluso en los pasajes de fuerza. La Adalgisa de Josephine Veasey, gracias a un timbre dulce y un canto apasionado, es muy comunicativa. Jon Vickers hace un Pollione autoritario, de gran personalidad, con un canto noble, fiero en la declamación y sutil en las matizaciones. Muy bueno el Oroveso de Ferrin. Esta grabación tanto desde el punto musical como visual es una verdadera obra de arte. Recomiendo vivamente hacerse con una buena copia o con los cedés de la casa Opera d’Oro.

Después de estas tres Normas, el desierto. En casi veinte años que Sutherland y Caballé dejaron de cantar Norma, no ha aparecido ninguna soprano que haya podido, de forma convincente, hacer justicia a este papel.

Rafael

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